lunes, 7 de enero de 2008

Autos

Caminaban tranquilamente por la ciudad, deteniéndose cada cierto tiempo, observando, cuando llegaron al final de la cuadra. Uno de ellos se aproximó a cruzar, pero el otro lo detuvo, diciendo: “Tenemos que esperar a que dejen de pasar los autos”.

Así pasaron horas, días, noches, meses, años, siglos. Cuando en el cielo se vislumbraron las primeras naves espaciales, ambos se miraron a los ojos y comenzaron a cruzar la calle.

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