lunes, 7 de enero de 2008

Ernestito Tapia

¡Pobre Chilenígena! ¡Pobre chico de ojos grandes y piel verde, de rasgos araucanos e intergalácticos, latinos y marcianos!
Ernestito Tapia era un niño triste y solitario, que sin entender muy bien el porqué, se sabía rechazado: los niños se reían de él. Y por motivos tan estúpidos como el tener manos pulposas, lágrimas flotantes, cabeza redonda, o el no poder hablar tan bien como los otros chicos.
Pero al fin y el cabo nada de eso le afectaba. Él sufría por otra razón: por un vacío en su interior que se acrecentó el día en que, en el jardín infantil, le pidieron a los niños que hablasen del trabajo de sus padres:
Mi mamá es enfermera y mi papá doctor; mi mamá es abogada y mi papá leñador; mi mamá es cantante y mi papá escritor; mi mamá es puta y mi papá político; mi mamá es monja y mi papá cura… etc.
Ernestito sabía que su mamá era secretaria, pero jamás había oído hablar de su padre, y menos de su oficio.

Cuando lo pasaron a buscar, él ya estaba decidido a preguntar todo sobre su padre. Ernestito sorpresivamente y mirando a su madre con seriedad, dio inicio a su interrogatorio:
Mamá… ¿Dónde está mi papá?
La mujer quedó desconcertada. Nunca pensó que aquel día llegaría tan pronto.

Recordó aquella vez, hace casi 5 años, cuando estaba conduciendo sola por una ruta solitaria. Una luz potente lo paralizó todo: cayó inconsciente, y despertó al día siguiente con el pelo más largo y embarazada de 8 meses.

¿Dónde está papá? Insistió Ernestito.
En las estrellas... Contestó la mujer, sin saber si hacía lo correcto.

No fue necesario dar más explicaciones. Con tamaña respuesta, Ernestito, emocionado, enmudeció: por fin sabía algo de su padre, por fin era un niño feliz.


Al día siguiente, en el Jardín, las tías les preguntaron a los niños que querían ser cuando grandes:
¡Pirata!; ¡veterinaria!; ¡pintora!; ¡doctor!; ¡narco!; ¡piloto!; ¡futbolista! ; ¡tetera! ; ¡presidente! ; ¡bombero!; ¡policía! Gritaban entusiastas los niños.

Entonces apareció Ernestito. Los niños comenzaron a callar. Un silencio recorrió la sala.
Yo quiero ser astronauta dijo igual que mi papá.

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